martes, 29 de mayo de 2012

Tatuajes

Lo habíamos advertido en Honduras, pero comprendimos su fatalidad en El Salvador, cuando Marcelo nos contó algunas de sus historias con relación a los tatuajes. Él venía sintiendo ciertos rechazos por parte de la sociedad, y esta se daba en diversos ámbitos, como un supermercado o un despacho público. Entonces decidió, en un momento de locura y creatividad e inteligencia, disfrazarse de sacerdote y andar por la vida así, para ver cómo le iba.
Lo que descubrió lo paralizó: no hacía fila en ningún lado, siempre le cedían asiento, todos le hablaban despacito y cordialmente, una joyita.
Esta anécdota, que es graciosa, y más cuando vez que en la foto de su documento está vestido de sacerdote, da cuenta de la persecución que soportan quienes deciden tatuarse el cuerpo en esta parte del globo. Resulta que acá los tatuajes están asociados con las pandillas (Las maras) y la cosa puede complicarse en una requisa o si te ven sin remera en la calle.
Marcelo tiene tatuado todo el brazo. Es impactante observar, cuando caminás a su lado, como primero le miran el brazo y luego su cara, en un acto violento, conservador y estúpido, que de nada contribuye con la necesidad de una sociedad de liberarse de sus prejuicios.
Y el problema de las pandillas es una cuestión aparte, porque para intentar dar una explicación, se necesita abrevar en las desigualdades sociales, el crimen organizado, el negocio del narcotráfico y la falta de perspectivas y futuro para los pibes. Un síntoma preocupante que acusan algunas naciones de esta partecita de la tierra.

domingo, 27 de mayo de 2012

La piba la rompió

Ayer y hoy se corrió una fecha del circuito nacional de surf de El Salvador, en Punta Roca, un pueblo a diez minutos de donde estamos. Habíamos decidido descansar el finde para darle tregua al físico que ya nos pedía a gritos que nos dejáramos de joder.
Así que salimos temprano, bien desayunados, y con mate en la mochila para pasar el día viendo a los grandes surfers de la escena local. Lo que vimos fue muy bueno, en un día con una calidad de olas excelente que superaban por momentos los tres metros. Compartimos un video que corresponde a la categoría Damas. La piba la rompió…

 
(Sugerimos ver el video en grande, haciendo click en donde dice YouTube)

Otra que la rompió fue Vero, pero la pita de su tabla. Se le cortó luego de ser revolcada por una ola gigante y casi nos ahogamos los dos, cuando yo le pasé mi tabla y me quedé en tarlipes nadando hasta la orilla: me separaban 500 metros. Como corolario, yo salí nadando, recuperamos la tabla de Vero y ahora todo es una anécdota. 

sábado, 26 de mayo de 2012

La cocinera



Texto del video:

No conozco nadie que haga tan rico el zapallo como Vero. Seguramente mi suegra, y de quien seguro viene la receta, pero su hija tiene una manera particular. El secreto, entiendo, no está en el zapallo sino en todo lo que lo acompaña. Si ella te dice: “Amor, hago un pollito con zapallo”, decí que si porque la cosa viene con tutti.
Primero la guacha te engaña con el aroma, con las hierbas: se trata de la cebolla y el morrón (acá llamado chile dulce). Pero después empezás a pinchar y descubrís una papa hervida con una gota de aceite que se desliza hasta el plato arrastrando una pisca de sal. Y un pedazo de yuca, y otro de zanahoria bien cocida. ¿Y ese gustito a limón? ¿Y este otro a mostaza? Te preguntás realmente si estás loco, pero recordás que la petiza, si es cuestión de quedar como una reina, le afana los condimentos a los vecinos. Ella sostiene que es inocente, pero yo a veces lo pongo en duda.
Entonces acomodado, servilleta prendida del cuello imaginario, alzo los codos y combato contra viento y marea para que nada se enfríe, para que nada espere más de la cuenta, como precipitado.

miércoles, 23 de mayo de 2012

La playa

Luego de dos meses volvimos a la playa, esta vez en El Tunco, El Salvador, un balneario muy pequeño que se encuentra a poco menos de una hora de la capital. Hasta acá nos trajo Marcelo asegurándonos que nos gustaría y no se equivocó. Conseguimos una habitación en una terraza con sillones, hamacas, todo el día sombra para un clima que supera diariamente los 35 grados y baratísimo. Volvimos a la playa, decía, con todo lo que eso significa:
ir a hacer las compras en cuero, cocinar (en las ciudades generalmente comíamos afuera porque los hoteles no tienen cocina y los hostels no existen), andar todo el día en pata y, naturalmente, surfear.
Volver a meterse al agua nunca es fácil porque en el surf intervienen diversas variables como el estado físico, la concentración, el miedo, el conocimiento del mar y las olas, la disciplina. Pero ayer nos metimos a la tardecita a tantear la cosa y descubrimos que el agua es tibia y que la ola es grande pero gorda, chancha, glass. Eso la vuelve poco agresiva y amena para estos primeros días.
Sentir nuevamente la sensación de estar arriba del agua, dominando la naturaleza, es uno de los placeres individuales más grandes, no sólo de este viaje, sino de la vida misma. Porque se trata, en definitiva, de sentirse parte de la natura, de comprender la armonía entre el hombre y la misma.
De modo que aquí estamos, disfrutando de las olas y del paisaje selvático que nos rodea, mateando en la orilla y sintiendo como la arena se nos mete entre los dedos de los pies.

lunes, 21 de mayo de 2012

El Salvador

Estos primeros días en El Salvador no pueden explicarse sin su protagonista principal: Marcelo, nuestro anfitrión de Couchsurfing. No se trata de un tipo cualquiera y, tal vez por eso, es que pegamos una onda increíble. El tipo vivió en Argentina, en Canadá, viajó por Hungría y recorrió miles de kilómetros en bicicleta para unir Chile con El Salvador, y a contra reloj, ya que el objetivo era llegar para pasar las Fiestas con su familia. Actualmente es jugador de fútbol, lo que me valió, ayer por la noche, un partidito fútbol 5 que sirvió para comprobar mi pésimo estado físico luego de meses de sedentarismo.
Junto a él recorrimos la capital San Salvador, conociendo mercados de artesanías, centros comerciales y paseos populares. Y también anduvimos por la
Universidad Católica
, donde trabajan su hermano Álvaro (un tipazo que nos abrió la puerta de su casa como si nos conociéramos de toda la vida) y su viejo, que es un personaje entrañable, profesor de matemáticas y obsesivo de los problemas de aritmética. Lo gracioso es que, luego de saludarlo, te empieza a contar problemas matemáticos y te envuelve de una manera en la que te descubrís atrapado en una red ajena, pero hiper concentrado por desentrañar ese nudo complejo y fascinante. Para que se entienda: el padre de Marcelo es quien escribe en este país los manuales de matemáticas para pibes de séptimo, octavo y noveno grado.
Ayer, domingo a la noche, salimos a comer pupusas (Ver diccionario del Blog) junto a toda su familia, menos la madre quien se está recuperando de una enfermedad. Así que allí conocimos a su otro hermano, Fabio (arquero y sabedor insaciable de estadísticas de fútbol) y a la novia de Álvaro. Todos reunidos agasajándonos y tratándonos como reyes, una cena hermosa que nos hizo sentir el calor de la familia.
Por si fuera poco todo lo que ha hecho por nosotros, hoy nos llevó a Migraciones, adonde fuimos para obtener una prórroga de la visa que, por una impericia (una pelotudez, bah) de la agente de Migraciones en el aeropuerto de Honduras, nos dieron treinta días en lugar de noventa. Y es que acá existe un convenio que se llama C4, y que consiste en que Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala, otorgan una sola visa, y la da el primer país al que uno entra. Y ese fue Honduras, luego de arribar desde Cuba. Conclusión: 25 dólares cada prórroga, fotocopias de esto y lo otro, y Marcelo teniendo que dar la cara por alojarnos. Es decir, también lo metimos en este baile. Pero el tipo firme, bancando la situación. Un groso.
Si todo sale bien, mañana hacemos el trámite y luego nos vamos para la playa (Marcelo nos llevará en su auto en otro gesto más de su hospitalidad), adonde esperamos volver a surfear luego de dos meses de vaguear por otros lados.
En definitiva, Marcelo pertenece a ese grupo de personas que uno quiere conservar toda la vida. Su paz, su respeto, su inteligencia y su humor, son valores que lo vuelven amiguero y familiero; un tipo al que te dan ganas de invitar a comer un asado.

sábado, 19 de mayo de 2012

Una batalla ganada

Mañana se acaba el periplo por Honduras. Desde Tegucigalpa partiremos con destino a San Salvador, El Salvador, adonde arribaremos al mediodía y nos recogerá, si todo sale bien, otro anfitrión de Couchsurfing.
Viajar por Honduras era un gran desafío porque ello implicaba derribar todos los prejuicios que acuñábamos y los miedos que el discurso y las gentes que uno se cruza le atribuían a este hermoso país.

A dedo por Honduras
Aquí estaba el terror, la miseria, los narcos, los asesinatos, las armas. Y no es que no haya nada de eso, puesto que realmente es una sociedad muy violenta donde cualquiera ostenta armas largas y donde el crimen está a la orden del día; pero también descubrimos lo que los periódicos silencian, lo que la televisión ningunea, que son personas honestas que luchan día a día por una sociedad más justa y por un gobierno digno y no cipayo y asesino como el de Lobo; trabajadores incansables de la tierra, comunidades solidarias que viven al pie de la montaña y ajenas al mundo contaminado de la ciudad, y demás actores que hacen que este país tenga belleza en medio de tantas balas y tranquilidad en medio del berrinche.
Como decía, llegamos a Honduras con la mochila cargada de prejuicios y nos vamos pipones por la gente linda que conocimos. Tiramos los prejuicios por la ventana, y eso es algo que siempre merece ser festejado.

jueves, 17 de mayo de 2012

La felicidad se puede ver

Como los últimos dos meses fueron de andar de ciudad en ciudad, Utila operó en nosotros como un recuerdo del espacio geográfico por el que estamos viajando. La isla nos devolvió a nuestros primeros días en Panamá, cuando la vida estaba dedicada a surfear, a caminar por la playa, a ver el atardecer, a andar descalzos.
Luego la búsqueda constante nos llevó a ciudades históricas y a involucrarnos con sus procesos políticos, a estudiarlos, a comprenderlos. Como la vida misma, el viaje también tiene momentos, algunos disímiles entre ellos, con características propias; y en cada etapa se manifiesta alguna variante en particular.
En este sentido, Utila fue recordar nuestro anhelo (siempre presente y más vivo que nunca) de que se puede vivir de otra manera. Y no hablo de vivir alejado de los problemas que el pueblo afronta como tal en cada una de las circunstancias históricas donde interviene, sino más bien alejados de los problemas que los hombres mismos se generan por ese miedo pelotudo de ser felices y sentirse libres.
La isla nos mostró lo que hasta el momento sólo imaginábamos: hay gente que vive de otra manera. Son varios los ejemplos, pero quiero contarles uno en particular, porque es realmente fascinante. Se trata de dos argentinos, que hace 12 años viajan por el mundo en un velero junto a sus dos hijos. Los mares los llevó por Europa y Estados Unidos. Pero hace 5 años Utila los interpeló como ningún otro lado hasta entonces y decidieron tirar el ancla. Compraron un terrenito para construir su casa, aunque papá y mamá no puedan abandonar el barco y sigan durmiendo allí.
De ellos nos había hablado una artista argentina, que también vive en la isla. Así que fuimos, así sin más, a visitarlos al barcito que se pusieron y que atienden de maravillas, con estilo argento y con una calidez inigualable. Con Vero nos acodamos en la barra a comer un choripán estilo centroamericano (¡pero con chimichurri argentino!) y a tomar una birra fresca mientras ellos nos narraban algunas de sus peripecias y aventuras por el globo.
Al verlos y escucharlos me di cuenta de los felices que eran. Como pareja, se los veía radiantes, cariñosos y trabajando codo a codo, tirando choris a la parrilla, preparando ensaladas, destapando botellas. Y en un momento de introspección me pregunté si acaso eso no era la felicidad y aproveché una pestaña que Vero sacó de mi párpado y puso su pulgar contra el mío para pedirle al destino que, sea donde sea, me encuentre con Vero, pleno y vivo, como esta pareja de argentinos.