domingo, 15 de julio de 2012

sábado, 14 de julio de 2012

Cumpleaños feliz

Son casi las tres de la tarde y recién terminamos de comer. Hice unos tallarines a la bolognesa, porque se que te gustan y porque es barato, ya conocés nuestro presupuesto. Me hubiese gustado hacerte un regalo, que puedas romper el papel, que la sonrisa estalle entre tus cachetes. Pero caminé todo el pueblo y no me convenció nada. Pensé que tal vez podríamos ir a buscarlo juntos y pensé también en qué importa, si es que tengo la posibilidad de decirte mucho más por acá.
Tus 23 años se notan, peque. La vida te ha hecho conocer rincones; has quedado expuesta a circunstancias complejas y siempre las has sorteado con paciencia y alegría, esa alegría auténtica, que no sabe ser falsa. Por eso ya no puedo verte como una pendeja, como una nena que alguna vez fuiste, cuando apenas besabas los 16.
Ahora estas sentada enfrente mío y te miro. Vos, indiferente, me hablas de cosas aisladas y yo te respondo monosilábicamente, porque quiero decirte más cosas por acá, para que queden en la posteridad, en la huella indeleble de este blog. Quiero decirte, por ejemplo, que me hace feliz que una mujer como vos camine a mi lado, que me siento más seguro, más fuerte. Quiero decirte, también, gracias. Por tu amor inquebrantable, que no conoce límites, por subirte a este tren de la locura sin preguntar, pero imponiéndote con tus argumentos, que son sólidos como montañas de rocas.
¿Te acordás cuándo te acompañé a la facu para anotarte? ¿Y un poco atrás, cuándo viniste a visitarme por primera vez, y nos metimos al lago del bosque a remar, cual tortolitos? Recuerdo cuando te ayudé en un examen de historia, que hablamos de Sarmiento y, como tiempo después eras vos la que ponía arriba de la mesa argumentos para seguir complejizando. No sé que significan 23 años, no sé si efectivamente significa algo. Todos pasamos por esa edad, eso no da cuenta de nada. Avanzas en años, como avanzan todos, aunque vos también creces: en tu espíritu, en tus argumentos, en tu capacidad para discernir, para asumir desafíos.
Feliz cumple, amor. Felíz día y feliz año. Feliz vida.

viernes, 13 de julio de 2012

Lo que dejamos

Si digo que estamos en El Salvador van a pensar que se perdieron de algo. Pues no. Dejamos San Cristóbal de las Casas con la emoción que implica despedirse de los amigos, tanto de Mauro y Lila, de los cuales pareciera que nos conocemos desde siempre, como de Goñi, Alberto, Julián, Mercedes, Alba y toda la banda de la Comuna. Una noche veloz en Antigua (Guatemala) y otra vez a tomar un bondi que durante todo el día le metió duro hasta llegar a San Salvador, donde nos esperaban con el amor de siempre Álvaro y Fabio, los hermanos de Marcelo.
Pero antes de llegar a este punto quisiera compartir con ustedes algo de la magia de esa ciudad mexicana que nos partió el bocho, y que no sólo significó nuestro primer acercamiento con el zapatismo, sino también comprobar a través de nuestra propia experiencia que puede se vivir de otra manera a la receta dictada por el sistema dominante. No es que no lo haya creído, incluso vivido, ya que cada día de mi vida intento que así sea, pero esta vez resultó como el corolario de un viaje donde lo que primó fue la búsqueda constante por vivir una vida tranquila, tiempista, respetuosa de los minutos. Pasar esos días en la Comuna fue nutritivo desde donde se lo mire y sospecho que abona un terreno donde el tiempo dirá de qué se trata.

Ya en El Salvador los acontecimientos se precipitaron con la energía y la alegría que caracterizan a esta familia, que ya es la nuestra. Nos fueron a buscar a la terminal, nos llevaron a cenar y soportaron la espera interminable de esa doctora que no llegaba para revisarme. Si el diagnóstico es el correcto, se trata de amibiasis, un parásito bastante resistente que no puede ser eliminado con pastillas comunes, sino que hay que recurrir a un tratamiento que debo empezar hoy. Nada grave, pero que me mantendrá lejos de la cerveza, las gaseosas, las frituras, en fin, cosas importantes de la buena vida.

lunes, 9 de julio de 2012

La ceremonia

Comprendí que la cosa venía seria cuando el chamán nos hizo desfilar para purificarnos. Luego de agradecer a los puntos cardinales, al cielo y a la tierra con los puños en alto por la posibilidad de realizar el Temazcal, ofrendamos hojas de tabaco al fuego, nos arrodillamos ante el vientre de la tierra (eso representa la pequeña carpa donde llevaremos adelante la ceremonia) y pedimos permiso para entrar.
El Temazcal, como decía, representa el vientre de la tierra. En general es una arquitectura semicircular de palos de madera que se recubre con frazadas y mantas que concentran el calor. Ya en el interior hay un pequeño pozo en el medio, donde se irán metiendo las piedras volcánicas que anteriormente se estuvieron calentando durante horas. Las personas, es decir nosotros, nos ubicamos alrededor de las piedras. La primer parte de la ceremonia consiste en decir “ajó” (bienvenidos en lengua lacandona) cada vez que se ingresan las piedras, que representan a las abuelas de la vida que vienen a darnos su sabiduría.
Cuando ya estamos todos sentados y ubicados se cierra la puerta que nos conectaba con el exterior y empieza el viaje. La oscuridad es total. De pronto… “plashhhh”, el agua cae sobre las piedras y el calor es insoportable, se te mete en las fosas nasales y apenas se puede respirar. El chamán empieza a cantar un mantra golpeando un tambor y algunos de nosotros sacudimos maracas o pezuñas.
Me pregunto si estoy preparado para soportar esta ceremonia. Soy un ser racional, relativamente ajeno al mundo espiritual y nunca había estado en una situación similar. Por momentos necesito darle la mano a Vero, porque también tengo miedo por ella. Siento como el agua brota de mi piel y me regocijo al descubrir que el piso de tierra es fresco. Paso la mano por ella y me acaricio los brazos, las piernas y el pecho. Repito el procedimiento con Vero. El agua sigue cayendo sobre las piedras y el calor quema. Algunos se quejan, otros cantan.

Primera puerta
Luego de veinte minutos el chamán abre la puerta y entra un poco de aire fresco. El viento representa a nuestros abuelos. Este es un buen momento para echarse en la tierra, algunos los hacen boca arriba, pero yo prefiero boca abajo. Como el calor sube, cerca del piso uno se encuentra más a gusto.
Para poder llevar adelante el Temazcal con éxito se requiere mucha concentración y ejercicio espiritual. Uno debe mirarse a sí mismo y pensarse continuamente. Es tan violento el calor que apenas podés concentrarte en el otro.
Ahora nos sentamos porque van a entrar más piedras, una demostración de respeto hacia nuestras abuelas. Se vuelve a cerrar la puerta y quedamos nuevamente a oscuras. El chamán cede la palabra y pide que cada uno de nosotros agradezca o pida algo a la madre tierra. Escucho con atención a mis hermanos hasta que llega mi turno: “Permiso para hablar”, digo, debo decirlo, y el chamán responde “ajó”. Entonces con una voz entrecortada, haciendo un esfuerzo sobrehumano, intento sacar algunas palabras coherentes de mi boca. Agradezco a todos por permitirme acompañarlos en este ritual y pido a la madre tierra para que nos oriente en la búsqueda de la verdad, búsqueda que jamás es individual sino colectiva, y que nos de fuerzas para que cada uno forje su propio destino, un destino auténtico, alejado de recetas estúpidas para ser felices. Hablar me ha costado mucho. La respiración era muy lenta y no estoy seguro si acaso estaba llorando mientras echaba mi rezo.

Segunda puerta
Como la vez anterior, se abre la puerta y nos echamos todos a la tierra. El calor asciende a niveles insospechados y ya casi no interactuamos los unos con los otros, salvo que el chamán así lo requiera. Maurito, nuestro amigo argentino que junto a su novia Lila también hizo la ceremonia, le dice al chamán que se le está bajando la presión y que no puede respirar. El chamán le explica que es normal, que es parte del desafío interno, de la batalla que él está librando con sus propios miedos y prejuicios; que respire suave, lento y que comprenda que donde estamos no falta el oxígeno, sino lo que sucede es que no estamos acostumbrados, que estamos en el vientre de la tierra, y que nada malo puede pasar. Pero Maurito pide salir y así lo hace, aunque sólo unos pocos minutos, porque luego pide volver a entrar para continuar.
Algo similar me sucedió cuando pedí un poco de agua. El chamán me explicó la importancia de comprender que lo que estábamos haciendo era una ofrenda, que era importante aguantar ya que luego cuando tomara agua le iba a sentir el verdadero sabor. Comprendí que entonces se había desatado una lucha interna, que se manifestaba en las ganas de tomar agua, pero que en realidad significaba muchas otras cosas.
-¿Te parece que estás bien? –me inquirió, paternalmente.
-Estoy bien –respondí, ahora reconfortado por sus palabras, que aunque no las desconocía necesitaba escucharlas en ese momento de debilidad.

El final
En total fueron cinco puertas que se abrieron. En cada una de ellas trabajamos pidiendo cosas diferentes como las relaciones personales, la intimidad, la naturaleza. No recuerdo todos los rezos ni su orden porque mi capacidad de relación con el exterior fue deficiente y está bien que así sea. Un Temazcal es una invitación a conocerse internamente, afrontando una situación límite, y donde sólo es posible llegar al final si existe en tu espíritu capacidad de preguntarte, ordenarte y concentrarte.
Estimo que toda la ceremonia tuvo una duración de casi tres horas. Cuando se abre la última puerta, salís arrodillado del vientre, pedís permiso para resucitar y te abrazás con tus hermanos. El abrazo es algo así como el símbolo del amor y la vida. Necesitás darlo, con el otro pegado a tu cuerpo, pecho con pecho, sintiendo los latidos.
Y luego, a disfrutar el sabor de la vida, comiendo frutas y tomando mate. Sintiendo la suavidad de una mandarina y la tibieza del agua que pasa por la garganta. También la frescura del agua que cae sobre nuestras cabezas y nos limpia del barro pegado a nuestra piel. Estamos renovados, hemos renacido, y ese es un ejercicio que debemos continuar para que todo tenga más sentido.

sábado, 7 de julio de 2012

Amigos viajeros

A Mauro y Lila los conocimos en Playa Venao, Panamá, en nuestro primer gran destino del viaje y allí, junto a otros viajeros, conformamos un grupo unido, donde disfrutábamos de juntarnos a cenar, surfear y matear.
Cuando llegó la hora de la partida y nos despedimos, nos dijimos qué bueno sería volver a encontrarse en alguna otra parte del mundo, donde confluyan los viajes de unos y otros. En varios momentos de esta travesía por el corazón de américa evocamos esos días y recordábamos a sus protagonistas con nostalgia y con ganas de volver a encontrarlos.
Así que cuando nos enteramos que ellos estaban en San Cristóbal de las Casas, nos pusimos más que contentos, porque no sólo nos veríamos luego de seis meses, sino además podríamos compartir unos días, ya que también nosotros habíamos decidido tirar el ancla, aunque por un breve tiempo, en esta ciudad del sur mexicano.
Que estos amigos sean cocineros no es un plus nada desdeñable: ayer Maurito nos invitó a cenar ñoquis caseros a la bolognesa con vino tinto, conformando una tertulia impagable. De esta manera hemos transcurrido esta última semana, con la alegría de visitar amigos, de sentirnos esperados en su casa, de acompañarnos mutuamente en este último tramo, que es también el de ellos.

jueves, 5 de julio de 2012

En territorio zapatista

Una de las mayores motivaciones que nos impulsaron a llegar hasta Chiapas era ver de cerca cómo viven y se organizan las comunidades zapatistas. A diferencia de otras agrupaciones, las zapatistas llevan adelante rigurosas medidas de seguridad que hacen que llegar hasta ellos se vuelva bien difícil. Para los ajenos al tema, les cuento brevemente de qué se trata todo esto. En el año 1994 salió a la luz el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) al mando del Subcomandante Marcos, en el sur de México, precisamente en el Estado de Chiapas. Su propuesta política escribió una nueva página en el pensamiento de la izquierda mundial, ya que impulsaba nuevas formas de resistencia, en un concepto de transformación integral, que comprendía (y comprende) la soberanía alimentaria, la defensa de los derechos humanos, el posicionamiento campesino e indígena, la lucha contra el machismo y, lo más novedoso, una nueva forma de concebir el poder.
En términos teóricos se definen autonomistas, ya que prescinden de la figura del Estado para resolver sus demandas: creen en la autogestión y en la autorganización. Crearon las Juntas del Buen Gobierno (JBG) bajo el lema “mandar obedeciendo”, lo que implica que quien detenta el poder es el pueblo, no sus representantes.
Esto, que parecería una utopía en pleno siglo XXI, es un hecho. Infinitas luchas lograron que ellos tengas sus escuelas, sus hospitales, sus cooperativas, su ejército, sus gobiernos.
Oventic
Entonces, ayer por la mañana, nos dirigimos montaña arriba para ver si teníamos suerte y podíamos entrar a una de las comunidades, en este caso, la más cercana adonde estamos, llamada Oventic. Al llegar nos recibió un encapuchado que nos preguntó que buscábamos y de dónde veníamos. Luego de mostrar nuestros pasaportes y responder algunas preguntas de rigor, nos dejaron pasar y nos acompañaron por una recorrida que comprendió la visita a algunos edificios educativos y de salud. Si bien no pudimos hablar con la JBG, pudimos observar de primera mano algunas actividades y tomar algunas fotografías, aunque ninguna de las personas, ya que está prohibido por razones de seguridad.
La propuesta autonomista continúa desarrollándose, a pesar de las dificultades que le imponen los partidos reaccionarios mexicanos y los sucesivos gobiernos que intentan neutralizar sus actividades, con represión, saqueos y muertes. Por ello es que los zapatistas permiten que observadores internacionales (bajo aval de algún organismo de derechos humanos) vivan en las comunidades por un tiempo, de modo de cooperar en caso de agresión. Si bien no podemos por una cuestión de tiempo y avales emprender tamaña empresa, ese es el desafío a futuro: participar en esta lucha que es, ante todo, la lucha de los pueblos por la libertad.

martes, 3 de julio de 2012

La comuna


Son poco más de las ocho de la mañana y el sol todavía no ha asomado desde atrás del paredón. Apenas se escuchan algunos autos, y el escenario es ganado por algunos pájaros y gallos. Pensé que escribiría ayer, pero las circunstancias no me lo permitieron y hoy me levanté con ganas. Sucede que hace unos días cruzamos una nueva frontera y alcanzamos México y llegamos a San Cristóbal de las Casas, luego de un paso fugaz por Palenque. Aquí nos esperaba un anfitrión de Couchsurfing y, aunque nos había explicado que su casa era un espacio recurrente de viajeros, jamás imaginamos lo que encontramos.
El dueño de casa se llama Goñi, un mexicano entrañable que hace dos meses se puso un bar junto a dos amigos y que parece no descansar en el afán de hacer de la vida un espacio múltiple y flexible y de su casa una morada tibia para quienes lo visitan. Él vive con su novia española. Y además de ellos dos, aquí habitan o habitamos, dos italianos, dos españoles, un alemán y nosotros dos.
No se imaginen una casona: aquí el corazón es bien grande. Y la manera de organizarse sencilla: si tienen que dormir tres en una cama está bien y si hay que parar en el suelo también. Y más allá de que durante el día cada uno está con sus actividades, por la noche nos reunimos a cenar y a charlar sobre nuestras visiones del mundo, nuestros viajes y la manera en que podemos contribuir para cambiar el mundo. Pero ojo, no se trata de una comunidad inofensiva: la mayoría somos militantes y muchos de ellos trabajan directamente con las comunidades zapatistas u otras organizaciones ligadas a la defensa de los derechos humanos.
Ni bien habíamos llegado me preguntaron cuánto tiempo nos quedaríamos en San Cristóbal y respondí una semana y, cuando me lo volvieron a preguntar dos horas más tarde dije quince días. Es que realmente hemos sentido una conexión tan intensa que va a resultar bien difícil que nos arranquen de acá. Y no me refiero a la casa y su gente, que por cierto me han renovado las ganas de viajar que unos días atrás, por los sucesivos viajes y una nueva recaída por una intoxicación, se habían aplacado, aunque jamás desaparecido. Es esta ciudad cosmopolita, símbolo de la resistencia antineoliberal, faro cultural de la humanidad y demostración cabal de que es posible mirar a la política y comprenderla desde otros ángulos. Pero esto último será materia de análisis de los próximos días.
Por el momento estamos en Chiapas, un lugar que no conoce de imposibles. Nosotros tampoco.